Intento de Record Nacional

Nos vinimos para Roldanillo Carlos García, Felipe Echeverri, Gustavo Jimenez y yo, a encontrarnos con otra jauría de pilotos sedientos de kilómetros, y aprovechando el fenómeno del niño. Llegamos desafortunadamente 1 dia muy tarde…

Mi principal motor cerebral radicaba en que mi récord personal en Roldanillo, logrado en 1997, en el "Campeonato de los Récords", era de 128 km, y hace una semana, mi archi-enemigo Jorge García, había logrado superar su récord personal en un excelente vuelo, y para mal de colmos me había derrocado de mi título como el "Antioqueño mas volón", por miserables 700 metros (128.7 km).  Tenía que hacer algo al respecto, para recuperar mi honor y la credibilidad como piloto.

Como tengo planeado un viaje a Quest Air, y definitivamente estoy bastante liviano para las alas, tuve que diseñar una forma de cargar lastre y poder viajar con él, entonces le compré dos bolsas para gasolina, de 6 litros de capacidad, y le adapté el bolsillo largo al arnés para fijar las bolsas sin que se movieran. Inclusive, una de ellas me daba la posibilidad de vaciarla en aire.  Despegué pues, probando cerca de 8 kg de lastre de agua, que demostraron funcionar de maravilla!

La hora de salida fue a las 11:37 am, y el día estaba bastante sobredesarrollado, que a pesar de los generosos techos a 2400 mts, amenazaba con sombrear más de lo necesario e incluso con llover. Básicamente por el color del día, y por la hora de salida, determinada principalmente por un desagradable viento de cola en el despegue que nos clavó los pies a la tierra durante un buen rato, el intento de batir el Récord Nacional, de Luis Rizo, fijado en 168 km, no era una opción.

La primera parte del vuelo fue como alma que se la lleva el diablo. Volé muy rápido, como si me supiera las térmicas de memoria, y el día estuvo bien agradecido en el sector de la pasada de Roldanillo, dándome incluso la posibilidad de saltarme la cantera de Bolivar y volar a través de ella sin necesitarla. Los ánimos ardían, y el espíritu altivo me decía que Jorge García perdería su liderato, porque definitivamente tenía que superar su marca de 128,7 km. Sin embargo, y a pesar de un hermoso corredor de nubes que se extendía maravillosamente desde la parte de atrás de Bolivar, hasta las inmediaciones de Trujillo, al parecer no fui capaz de pegarle al cordón ascendente, porque rápidamente me bajé de las nubes y quedé ligeramente por debajo de la montaña de Huasanó.  Aquí perdí cerca de 15 valiosos minutos, tratando de recuperarme.

Cuando finalmente estuve otra vez a una altura saludable, pero bastante por debajo del techo de nubes (no tenía un buen núcleo que me dejara en la base), y viendo un largo y desolador Rio Frio, que se abría delante de mi, como una boca de un león hambriento, esperando que algún pajarito pase por ahí para devorarlo, decidí aprender de los parapentes y opté por salirme a la guerra, rumbo a Tuluá, hacia el majestuoso pero intimidante valle.

Al parecer mi decisión fue bastante sabia, pues a pesar de que la salida al valle implica una patica de casi 90 grados respecto a los kilómetros, una vez logré pescar un buen núcleo al otro lado, ya estaba en una mejor línea de vuelo, sin tener que preocuparme por el amenazante viento del pacífico que ya arremetía contra las montañas occidentales de Trujillo, bajando como un helado de vainilla derredito.

El corazón volvió a saltar, y Jorge García volvió a aparecer en mi mente, lo que me hizo rechinar los dientes y apretar los dedos de los pies contra el zapato… – Vamos por ese gusano!, me repetía.

El panorama no era el más alentador, y los techos, aunque saludables, no eran tan generosos como los que recordaba haber disfrutado en 1997. La altura máxima del vuelo la obtuve en Tuluá, marcando 2.467 mts. De ahí, el techo se fue bajando rápidamente, y el sobredesarrollo y los indicios de cirrosis de un cielo ebrio amenazaban con dejarme tirado en cualquier momento. 

Pasé Buga en una sombra abrumadora, pero con afortunadas térmicas residuales con impresionantes velocidades de ascenso sostenido de 2.5 a 3 m/s, que para el frio panorama eran más de lo que se podía pedir, pero con moderados ascensos que no superaron los 2.250 mts, y que lentamente me dejaban cada vez más bajo, como si el cielo estuviera cayéndose y me quisiera estripar contra el suelo. – Sube! Sube! Sube! – Llegué a repetir varias veces en voz alta, como tratando de animar al día para que no se acabara tan pronto.

Luego de dejar Buga, y cuando la última cordillerita bajita se fundía con el Valle, era tiempo de tomar una decisión, o me recostaba por la montaña, o me seguía en línea. Opté por la segunda, pues ya estaba bastante tarde, y dar la vuelta por la montaña no era opción si quería llegar a donde Jorge antes de las 6:00 pm.  Ajusté el rumbo para mantenerme entre 3 y 4 km al oriente de la carretera que une los pueblos de Cerritos y Guacarí, y lentamente la línea me llevó a Palmira, que pasé justo por el medio, esperando que el calor del pueblo me llevara de nuevo a los cielos… Que planeo más largo, por lo menos sicológicamente, pues no pitó ni pío.

El viento estaba suave, unos 5-7 km/h, de los 270 grados, hasta que pasé Palmira, y justo al sur del pueblo, saliendo del calor de la ciudad, me encontré con un hermoso arado que ofrecía un buen contraste de temperaturas con sus alrededores, y donde pesqué una térmica constante, pero con un impresionante viento que viró de los 330 grados (60 grados de variación en 10 km de recorrido), y con la que derivé más de 2 kilómetros antes de seguir en ruta.

Podía oler a Jorge García. Sentía su apestoso aroma de triunfo bien cerca, quizás a poco más de un glide. Estaba a sólo 17.5 kilómetros de su patética hazaña, y aun así me trataba de tranquilizar diciéndome: "Una mas… vamos, sólo una mas y lo pasamos… No te vayas de glide todavía, no lo lograrías… una mas y listo… paciencia".

La paciencia, sin embargo no parecía estar muy presente ahí, porque me hice un glide de 12,3 km!, pasando Pradera y que me dejaba a poco más de 5 km del récord de Jorge, y ahí estaba ella… una suave pero bien marcada térmica, que mientras subía en ella, me regaló más de 1 km derivando hacia Jorge… Ya su hedor era insoportable, y mi corazón palpitaba más fuerte… Lo tenía, lo tenía como "papa en tenedor"… Jorge era historia.

Me encontré haciendo un planeo lento, con una gloriosa sonrisa de satisfacción en mi cara, y sólo en ese momento me pude relajar, abrí el arnés y estiré las patas un poco.

Llegué sobre el potrero donde murió el vuelo de Jorge García con 500 metros sobre el suelo, y no podía dejar de sonreir.  Sólo unos metros mas al sur, pesqué una térmica que me dió tiempo para descansar y pensar en qué estaba haciendo yo por ahí.

Miré el reloj: 3:39:52 pm. Exáctamente la misma hora a la que Jorge García había aterrizado!, y por ende 37 minutos más rápido. Increible!.  Me dije entonces que si a él se le acabo el vuelo ahí, probablemente el día estaba en las últimas, entonces todo lo que subiera, había que girarle.

Me seguí para el sur, luego de dejar el potrero de Jorge con 2.050 mts. Por lo menos 10 km más le iba a coger a ese gusano…

Otra maravillosa térmica después estaba a 2.270 mts, y fue sólo entonces cuando mi cerebro salió de su letargo… -"Está temprano, estoy trepado, sí se puede"… por primera vez en todo el día, y a poco más de 130 km del despegue, me dí cuenta de que el Récord nacional podía estar amenazado. Vamos, que el día de mi récord de 128 km en el 97, había aterrizado si mal no recuerdo, a las 5:30 pm, y por lo que cuentan las malas lenguas, Luis Rizo no puso pie en tierra hasta bien pasadas las 6:00 pm…  "Solo 30 km mas y estoy ahí… vamos"…

El valle se empezaba a cerrar por una elevada cordillera central, y el suave viento del norte no parecía enfrentar ninguna de las salientes de la ladera… jugar a la dinámica no era una opción. Preferí seguirme por la línea de la carretera, saltando entre superficies de contrate en el suelo…

Otra tímida térmica más, que me subió de 1950 a 2150, me dejó bastante más cerca de matar la bruja…

Entonces sucedió.

Me envolvió una bruma asfixiante. A 2000 mts todo el aire estaba repleto de una suciedad impresionante, como si estuviera volando en una quema, pero sin ascendencia.  No podía ver más allá de 5 km, y el cielo estaba bien oscuro, con una necesidad imperiosa de transplante de hígado, pues la cirrosis lo había invadido por completo…

Fue un penoso planeo, desesperado pero inútil, completamente impotente, que me llevó en 13.3 km, de 2100 a 1130, para dejarme justo después de un corregimiento denominado El Palo, en una comunidad indígena del departamento del Cáuca, a las 4:49 pm, y luego de 160 km con 110 metros (160.1 km) de vuelo.

Un hermoso aterrizaje, un hermoso paisaje con un sol moribundo. 

Coordenadas del Aterrizaje: N 03 03.863 W076 21.660

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2 respuestas a Intento de Record Nacional

  1. Felipe dijo:

     
    Una cuca de vuelo, con todas las hazañas merecedoras de una felicitación. Y no olvidar a los compañeros de sufrimiento en el carro, donde estará? 3 horas de carreterra y 170 kilometros para recoger a este pajarito.

  2. Alejandro dijo:

     
    Que vuelazo te hiciste Daniel. Felicitaciones. Esos no se hacen todos los dias. enjoy.
     

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