Roldanillo 2008 – Dia 7, Prueba 5.

Llega el último día del campeonato.  El clima sigue igual de incierto.
El comité decide una impresionante (dadas las condiciones) prueba triangular de 53.8 kilómetros, volando por la montaña hacia el sur, con un viento del sur de 5-8 km/h y un techo bajo, para marcar una baliza en las laderas de la Herradura, y luego atravesar el valle hasta el Peaje de La Uribe, para luego regresar a través de una de las zonas más verdes de caña, hasta el Aeropuerto de Roldanillo.
 
Luego de 4 días de competencia en donde he estado dando el 110% (debo admitir que haber disminuído las cargas de organizador, y limitar mi colaboración al manejo de los puntos y las descargas me ha permitido concentrarme más en los vuelos, y volar más relajado) las tablas de puntajes me separan a sólo 240 puntos de Memo, quien a su vez está sólo 9 puntos delante de Mike.  Por un lado, es muy poca la diferencia en puntos, pero por otro lado, comparando los promedios de los puntajes de los otros días, 240 puntos pareciera ser mas de lo necesario.
 
Decido armar muy atrás en la línea de salida, sin afanes, y por primera vez no me percato siquiera cuándo despegan los primeros pilotos.
Alejandro Isaza sale primero, a las 10:48 am, y se toma la libertad de hacer un sobrepaso sobre el despegue de los Caleños, luego pierde altura y no parece estar recuperándose fácil. Queda por debajo de las torres de luz, a escasos 300 metros del aterrizadero oficial. Para las 10:55, Mike y Jorge ya están también en vuelo, así como otros pilotos.
 
20 minutos mas tarde, a las 11:15, me hago en la rampa y el juego comienza. Memo me sigue 1 minuto detrás.  Parece que todos los pilotos se están tomando su tiempo.  A las 11:30 aproximadamente, Carlos Garrido aborta el despegue en la rampa de los Paisas, al golpear un árbol con el ala derecha y luego estrellarse contra la ladera, varios metros debajo. Se fractura el peroné. La operación de rescate se inicia inmediatamente sin mayores contratiempos, y cuando el piloto se encuentra estable se reanudan los despegues. Luego, los pilotos bogotanos que se quedan colaborando con la movilización de Carlos Garrido y su equipo, despegan a las 12:30 y finalmente el día permite un último despegue, Claudia, que sale a la 1:00 pm.
 
Mientras tanto, en vuelo y coordinado con Memo por radio, con quien me pretendo ayudar para tratar de mantener la tabla de posiciones (Daniel, Memo, Mike), iniciamos la prueba a las 11:30, con poca altura, y en un agresivo escape tratando de ganar uno o dos puntos por coeficiente de liderazgo. Mike nos sigue a sólo un par de cientos de metros.
 
Cruzamos detrás de Roldanillo hasta el basurero, donde hay una optimista nube, pero ninguna térmica decente. Llego primero y hago un circuito de búsqueda amplio, tratando de encontrar algún núcleo que esté alimentando la nube. Memo pasa de largo unos pocos metros por debajo, y se aleja 800 metros más al sur. Le digo que no se vaya tan lejos, pero parece que encuentra un pequeño núcleo.  Finalmente encuentro algo de actividad y Mike me acompaña. Me reporto con Memo, pero al parecer ya está fuera del alcance de la térmica, y debe tomar la difícil decisión de salirse hacia el valle, rumbo a las áreas aterrizables, en búsqueda de otra térmica.
 
Tenemos viento del sur, que dificulta el avance por la montaña, y genera descendentes y rotores desagradables, por la baja altura a la que nos estamos moviendo.
 
Siroco todavía se encuentra volando en Amparito, mientras Jorge espera un poco más en toda la línea del círculo de salida.
 
Logro ganar unos metros sobre Mike, y decido emprender la fuga. Salto primero hacia la montaña, pero luego me decido por una pequeña nube que empieza a formarse, cerca de La Escuelita, justo detrás del aterrizadero del Iyomá. Mike me vé salir hacia la montaña pero luego, cuando giro 90 grados, me pierde de visual, gracias a la baja firma de radar que emite mi ala.
 
A las 11:45 un importante grupo de pilotos inicia la carrera desde el círculo de salida, entre los que está Jorge García. Sin embargo, mas tarde se pone en evidencia la inexperiencia de varios de ellos, pues Alejandro Isaza ha tomado el tiempo de las 11:15 (15 minutos antes que yo, y sólo ha salido 30 minutos después), mientras Jorge García ha salido 50 segundos antes de las 11:45, y por tanto, vuela con el mismo tiempo de salida que yo. Segundos después, Memo está aterrizando junto a la Ondina. El campeonato ha terminado para él.
 
Cuando estoy agotando la térmica en la que me encuentro, a 1950 metros, Mike parece percatarse de mi posición y se dirije a mi captura. De nuevo, tratando de anticiparme, me escapo de la moribunda térmica, rumbo hacia Bolivar, volando por la "cuchilla del medio", muy cerca de las torres de luz.  Paso la escuelita a escasos 50 metros de altura. Parece ser un planeo de muerte hasta el potrero más alejado posible. Las térmicas están esquivas, hay un cirro que tiene toda la zona muerta, la cantera de Bolivar ofrece un panorama desolador. Tomo altura en cuanta burbuja encuentro, haciendo un giro o una pequeña S. Finalmente me encuentro a 6 km de Mike, oculto entre las montañas, los árboles y los cables de luz, fuera de su campo visual. No es la mejor posición para estar, pero hay que mirar todo siempre con los mejores ojos.
 
Cruzo Bolivar y llego a la cantera con 1400 metros, con la certeza de que al otro lado, cerca de Ricaurte, hay un excelente sitio de aterrizaje en caso de que mi planeo haya terminado. Rodeo la cantera tímidamente por el sotavento, con la esperanza de encontrar una pequeña térmica que esté resguardada del viento sur, pero no tengo suerte. Continúo dando la vuelta a la cantera hasta la cara sur, y empiezo a volar dinámica en una T2C. – Para los que no entienden la dimensión del comentario, imagínense tratar de manejar un camión de basura, sin dirección hidráulica, en un circuíto de carts. Es completamente agotador, y casi todas las curvas se lo comen a uno…-.
 
Son las 12:10, y nadie parece seguirme todavía.
 
15 minutos más tarde, entre ganancias y pérdidas he acumulado sólo 50 metros con respecto a la altura a la que llegué. Todavía en la cara sur de Bolivar, no tengo visual de lo que ocurre al norte, donde están el resto de los pilotos. Por lo menos tengo la certeza de que nadie ha cruzado aún y el convencimiento de que las condiciones marginales no se prestarán para que ninguno haga mayor cosa.  Mike, que había iniciado su último planeo minutos antes, se encuentra llegando a la cara norte de la cantera, 150 metros más bajo de lo que yo me encuentro, y termina por aterrizarse en la entrada sur de Bolivar, pero no me percato de ello.
 
Hay un potrero a distancia de planeo justo pasando Ricaurte, y decido continuar avanzando. Sobre el pueblo encuentro una pequeña térmica de gallinazos a la que me uno, y me regala 100 metricos más. Trato de concentrarme y de tomarme todo el tiempo del mundo.  A solo 4.5 kilómetros puedo ver la siguiente baliza, justo en la cima de la montaña de la Herradura, pero se encuentra completamente sombreada y promete bastante menos que el 0.1 m/s en el que me encuentro.
 
Suena mi celular varias veces. Estoy convencido que se trata de Mike aterrizado. Me siento ganador. Estoy en vuelo, adelante de todo el mundo y los pilotos que me seguían en el segundo y tercer puesto están aterrizados antes.
 
Permanezco 15 minutos sobre Ricaurte, saltando entre burbujas térmicas, cada vez más convencido de mi victoria anticipada y de que nadie logrará pasar siquiera de Bolivar, con estas condiciones irrisorias, y en el mejor de los casos, su vuelo terminaría haciendo un planeo hasta la baliza de La Herradura. Concluyo que ya todo debe haber terminado, y en lugar de usar los 1600 metros que he logrado acumular (650 sobre el suelo aproximadamente) para hacer un último planeo hacia La Herradura, decido dar media vuelta y tratar de regresar, en lo posible, a Roldanillo.
 
Para sorpresa mía, cuando estoy rodeando la cantera, a escasos 1500 metros, un piloto que asumí se trataba de Garrido, pero después me enteré que era Siroco, me llega 300 metros por encima y coge una térmica hermosa justo sobre mi cabeza. El juego ha vuelto a empezar. Hay varios gallinazos girando justo al frente mio, a mi altura, pero la térmica resulta bastante turbulenta y esquiva. Me tardo bastante en centrarla. Veo cómo Siroco, que ha tomado un inicio de carrera 30 minutos después, está subiendo en lo que parece ser un +5 m/s, porque rápidamente alcanza 2200 y arranca un planeo hacia la baliza de La Herradura.
 
La térmica se estructura finalmente, y alcanzo 2350 metros en ella. Puedo ver a otro piloto que viene cruzando hacia Bolivar, en buena posición.  Arranco 3 kilómetros detrás de Siroco, pero en una línea directa hacia la baliza de La Herradura. Mi única idea es hacer un planeo bien plano hasta la baliza, marcarla lo más alto posible, e inmediatamente virar hacia el valle, donde el cirro parece estar más tenue y los rayos de sol han hecho algunos rotos en el cielo y se encuentran calentando los focos térmicos.
 
Siroco toma una línea amplia, por las montañas, y luego comienza a salirse. El viento en altura está fuerte del sur oriente, por lo que mi línea parece más sana que la que enfrenta Siroco. Terminamos marcando la baliza prácticamente al mismo tiempo, pero yo paso sobre él con 150 metros de diferencia, y me lanzo inmediatamente hacia el valle. Siroco, que como me había visto de regreso en Bolivar, pensaba que yo ya estaba volviendo, no se percata en buscarme y no se da cuenta de que yo he arrancado hacia el valle. Se queda sobre la baliza en una suave térmica, en la que pierde 10 minutos y la deriva lo devuelve 1.3 kilómetros, pero gana 200 metros. Comparando luego su registro del vuelo, cuando volvió a sobrevolar por el punto en el que coge la térmica, estaba con 100 metros de diferencia. No fué un muy buen negocio, porque finalmente terminó comprando 10 metros por minuto, o lo que es lo mismo, es como si se hubiese detenido en una térmica que promedia 0.15 m/s.
 
Cruzo el valle apoyándome en una térmica justo en el medio. Jorge García por su parte, luego de alcanzar basenube en Bolivar, hace un recorrido mucho más amplio que Siroco, por detrás de la montaña, por lo que le toca volar casi 3 kilómetros con viento de frente para tratar de salirse de la montaña a tomar la baliza de La Herradura, a prácticamente la misma altura a la que yo la tomé 20 minutos antes.
 
Una vez sobre La Uribe, en el lado oriental del Valle, tardo un poco más en ganar altura, tomando tres térmicas en 3 kilómetros. La deriva de las térmicas es casi inxistente en este lado del valle. En la última térmica logro ganar casi 2300 metros, y el computador de planeo me dice que tengo la meta en un 12.8:1, que está a algo más de 16 kilómetros de distancia.  Apunto tímidamente hacia una nube que hay en ruta, justo pasando el Ingenio La Paila, pero cuando estoy llegando la nube se deshace, dejándo sólo una perversa descendente que baja mis números de planeo. El computador me muestra un 13:1 (Nunca es un buen síntoma cuando los números empiezan a aumentar)…
 
A 10 kilómetros de la meta los números parecen estabilizarse. Ni suben, ni bajan… va a ser un planeo muy justo… empiezo a empinarme inconscientemente en el arnés.
 
A 7 kilómetros de la meta encuentro una fuerte descendente, y luego una encantadora térmica.  No quiero correr riesgos, aunque un salto de delfín parecería suficiente para llegar, y decido asegurar 200 metros más.
 
Acelero un poco hacia la meta, pero no demasiado, porque decido sacar la cámara para hacer unas tomas llegando. Cruzo la línea de meta con 300 metros de sobra, por lo que no hubiera necesitado esa última térmica y hubiera llegado con 100 metros para aproximar, pero si vas adelante y nadie te presiona, no tiene sentido arriesgarse.
 
Cerca de 25 minutos más tarde llega a la meta Jorge García, quien tuvo la mala suerte de quedarse sin baterías en su computadora justo después de pasar la última baliza en La Uribe.
 
Aterrizo feliz con una larga final en la que casi estripo a mi señora, que me estaba filmando.
 
La secuencia del aterrizaje habla por sí sola.
 
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