Ibagué, tercera entrega: Anzoátegui

El fin de semana del 21 y 22 de Febrero queríamos volar.

Luego de consultar la meteorología para Colombia usando www.xcskies.com sólo a las 2 pm del viernes, Alejo Isaza y yo decidimos que lo mejor sería hacerle una nueva visita a Ibagué.  Llamamos a Juan Arango y lo invitamos a que nos acompañara a este “esquivo” sitio que hasta ahora nos había traído enormes espectativas pero grandes desaveniencias, pues no habíamos logrado aprovechar sus “pronósticos”.

Alrededor de las 5:30 pm del viernes 20 de Febrero de 2009, salíamos de Bello, después de recoger a Juan Arango y su cometa, rumbo hacia Ibagué.

Esta vez contábamos como de costumbre, con la experta en apoyo logístico y equipo de tierra, Ana María Velásquez.

Luego de 6 horas de carretera, llegamos a Comfatolima, donde nos hospedamos en una cómoda habitación.

En la mañana del sábado, luego de desayunar, tuvimos la suerte de contar con la asistencia de Eder, un empleado de Comfatolima que el administrador actual tuvo la amabilidad de prestarnos durante el día para que acompañase a Ani durante la jornada y nos colaborara sobre todo para las recogidas. Teníamos la esperanza de volar hacia el sureste, dado el pronóstico de vientos suaves de 3-5 km/h provenientes del suroeste.

Luego de una tortuosa carretera, que aunque se encontraba seca y recién reparada (los derrumbes y puntos más peligrosos habían sido ligeramente rectificados) en la que tuvimos que cambiar una llanta que se perforó con una filuda piedra, llegamos al despegue cerca de 1:20 más tarde. La base de la nube se abría y cerraba bajo nosotros, ofreciendo un panorama de “espera” pero los ánimos no parecían alterarse.

Alejo Isaza tuvo tiempo de reorganizar los cables de la lateral, que nos habían quedado enredados un par de días antes que la habíamos reemplazado, pero no había mucho afán.

Finalmente, para las 12:20 estábamos todos despegando, primero Alejo Isaza, luego Juan Arango y segundos más tarde lo seguí yo. El despegue fue como siempre muy agradable, con vientos de 15 km/h aproximadamente.

Al parecer ni Alejo ni Juan tenían planes de esperar mucho, aunque yo insistía en jugar un rato en la dinámica del despegue para “entrar en calor” y relajarnos un poco, pero optamos por iniciar el vuelo de cross.

Juan Arango, siendo su primer vuelo en la zona, experimentó lo que yo llamaría “síndrome de altura”. El despegue tiene un desnivel de 1500 metros sobre el suelo, y por tanto, cuando uno ha perdido la mitad de la altura sin encontrar térmicas, el inconsciente nos dice que ya tenemos que asegurar un aterrizadero, así que con más de 500 metros sobre el suelo Juan tira la toalla y se enfrenta hacia un arado hacia el sur, volando contra un viento de 18km/h.  33 minutos después de haber despegado se encontraba aterrizado al sur del peaje de Alvarado, pero sin mayores inconvenientes.

Alejo Isaza y yo nos dejamos llevar por el viento, volando hacia Alvarado. Pronto las térmicas empezaron a aparecer, y nos permitían mantenernos entre los 1200 y 1600 metros sobre el mar.

El marcado viento del sur, suroeste nos facilitó el avance hacia el norte.

Los planeos a bajas velocidades me dejaban sin ventaja alguna sobre Isaza, quien además estaba subiendo muy bien, y me dejaba algunos metros por debajo cuando arrancaba a cruzar. Yo por mi parte, trataba de sacar siempre alguna ventaja estratégica por lo que opté por “chupar rueda” y mejorar en lo posible las decisiones que tomaba Alejo, adelante.  Lentamente nos fuimos acercando, hasta que le di finalmente alcance y volamos muy juntos una gran parte del vuelo.

Dos térmicas nos dejaron cómodamente superando Alvarado, tres térmicas más y nos encontramos cómodos para sobrevolar Venadillo. 15 km más adelante, y con una térmica en medio que no desperdiciamos y nos encontrábamos girando sobre Lérida, y superando lo que hasta ahora habíamos logrado en los vuelos de reconocimiento anteriores.

10 km más adelante se encontraba Armero, al que llegamos luego de ganar varios metros en una térmica intermedia.

Por la zona de Armero empezamos a perder más altura de la cuenta y las nubes que nos incitaban a continuar, nos traicionaron varias veces cuando llegábamos bajo ellas sólo para encontrar descendente residual y ver cómo se disipaban sobre nuestras cabezas.

Las térmicas en general no estaban durando mucho tiempo, y eran bastante difíciles de centrar. Se mostraban rotas y turbulentas, con promedios de 1.5 – 2.0 m/s, que no son tan despreciables, pero tampoco excepcionales, dado el panorama visual que ofrece la zona, pues uno esperaría núcleos de +4 o +5 sin duda alguna.

Sobre el cementerio de Armero, a menos de 400 metros (y Alejo varios metros por debajo) logramos remontarnos de nuevo.

Llegando a Guayabal Alejo pierde un centro de una térmica y se lanza en un planeo suicida, mientras yo espero y observo desde atrás y arriba. Unos kilómetros antes de Guayabal Alejo inicia un patrón de aproximación sobre lo que sería su aterrizadero y pesca una térmica que lo empieza a desenterrar. Yo por mi parte aprovecho la altura para desviarme 90 grados hacia el occidente en busca de unas nubes con hermosas bases que me invitan a perseguirlas.

Alejo se desentierra mientras yo continúo paseando por el occidente, e inicia un planeo más hacia los mejores arados, 4 km al norte de Guayabal, donde encuentra una excelente térmica que sube incluso con hojas secas desde el suelo.

Termino haciendo un absurdo cuadrado de 9.5 km en lo que era un simple planeo de 5 km hasta donde se encontraba Alejo subiendo, y llego varios metros debajo de él.

Se deja alcanzar cuando estamos llegando a la base de la nube y salimos juntos rumbo hacia las montañas que marcan el paso hacia Mariquita.

El viento del sur disminuye notoriamente y al final, cuando nos acercamos a la cara sur de la montaña, donde pensábamos encontrar algo de termodinámica, el viento está completamente calmo. Sin embargo hay una línea de sustentación en la que me monto y que me permite girar primero sobre el paso hacia Mariquita y reportarle a Isaza, que ha perdido varios metros, que hay un buen aterrizadero al otro lado, para que continúe avanzando.

Alejo simplemente supera la montaña con 20 o 30 metros de altura y llega sobre el aterrizadero elegido para realizar unos sobrepasos de verificación. Todo parece demasiado bueno para ser verdad. Es un inmenso potrero de más de 450 mts de largo por 350 mts de ancho, que muestra una hermosa manga como de campo de golf. Estamos esperando encontrar la "trampa” a tan espectacular sitio, pero somos incapaces de verla… No parece tener agua, no parece tener cables atravesados ni estar potreriada. No parece arroz, y sin embargo no tiene una sola cabeza de ganado… Alejo no tiene mas opción que ensayar, mientras yo derivo en una térmica en todo el venturi del paso hacia Mariquita (el viento norte ya es marcado de 12km/h en altura.

Alejo aterriza sin inconvenientes y me reporta que es el potrero perfecto!. Similar al que se encuentra en la Manga del Toro en el área de Matasanos. Es un sembrado de capote.

Cerca de 30 minutos más tarde inicio mi aproximación que termina en un agresivo flare pero un cómodo aterrizaje en 2 o 3 km de suave viento del norte.

Nos tomamos todo el tiempo del mundo en desarmar, a la sombra de un árbol de mamey. Nuestros anfitriones nos regalan un fruto. Me encanta el sabor. Parece mango, de color amarillo-naranja, y textura muy similar a un mango maduro, pero sin tanta fibra.

El carro nos recoge una hora más tarde y para entonces nos percatamos de cuál era el “pero” del fascinante potrero. Yo he perdido cerca de 3 litros de sangre alimentando a unos mosquitos vampiros, tipo jején, que me tienen las piernas y los brazos con más de 100 picaduras, pero no me importa mucho, dado el fascinante vuelo que logramos.

Alrededor de 3 horas de vuelo para 75 km de distancia.

El track en formato Google Earth (KML), aquí.

Llegamos después de las 8 al hotel y completamente exhaustos. Antes de las 10 pm ya nos encontrábamos todos inconscientes.

En la noche cae un impresionante aguacero, que aunque no dura mucho, es suficiente para que en la mañana del domingo los ánimos sean otros.

No considero oportuno volver a subir al despegue de San Juan de la China, porque ya estaba bien mala la carretera para que ahora nos toque además lisa por pantano.

Desayunamos con calma y empacamos el carro luego de cancelar $25.000 persona/noche (descuento que logró Isaza luego de conversar un rato con el Administrador).

Decidimos arrancar rumbo a Medellín. Sin embargo, en el vuelo anterior habíamos visto un par de carreteras más al norte que subían a la montaña, por lo que optamos por probar suerte en busca de un nuevo despegue.

Convenientemente 9km al norte de Alvarado encontramos las partidas para Anzoátegui, con una carretera pavimentada. Nos aventuramos a subir por ella, un rato por lo menos para aprovechar el día y dedicarlo a la “exploración”.

Al principio la carretera subía muy tendido y alejándose de la seguridad del valle, por lo que no teníamos muchas esperanzas, pero alrededor de 400 mts más arriba del valle vimos una antena de comunicaciones perfectamente ubicada varios cientos de metros más arriba. Empezamos a entusiasmarnos y continuamos subiendo. 11 km después de las partidas sobre la carretera principal encontramos las partidas hacia El Guayabo, por una pequeña subida destapada pero en buen estado. Un poco más de 1 km más tarde nos encontramos con la antena y un portillo. De ahí fueron 200 metros planos corriendo contra Juan Arango e Isaza, a ver quién llegaba primero al morrito desde donde se podía ver hacia el valle.

Juan Arango nos gana y empieza a hablar maravillas mientras nosotros subimos los 20 metros que nos ocultan el panorama…

ANZOÁTEGUI

Ani en Ansoategui

Coordenadas: 4°39’46.29"N 74°59’40.90"W. Altura 1175mts SNM. Los aterrizaderos oficiales se encuentran alrededor de 6 km de distancia, quizás un poco menos (5.3 km) y a 420 mts de altura SNM, para un desnivel de poco más de 750 mts. Planeo requerido para aterrizaderos oficiales de 8:1. Existen unas alternativas en planeos de 6,5:1 aproximadamente, pero no parecían tener vías fáciles de acceso.

En el despegue hay bastante espacio para armar, y se podrían habilitar dos rampas, una al lado de la otra. Sin embargo habría que cortar un pequeño arbolito. Por ahora hay una rampa bastante buena, con mucha pendiente, similar al despegue de la torre de luz de las Brisas en Roldanillo.

El viento predomina un poco de la derecha pero continuamente suben térmicas y viento adiabático que “pintan” bastante más fáciles las condiciones de despegue. Despego primero con dos o tres largos pasos y un ligero cambio de ángulo de ataque, pero sin mayores inconvenientes, justo en la brisa de una pequeña térmica que me permite jugar un rato justo en el despegue.

Juan Arango me sigue unos segundos detrás pero opta por continuar en vuelo recto en ruta hacia los aterrizaderos, para encontrar un excelente núcleo un kilómetro y medio más adelante.

Un par de minutos más tarde Alejo Isaza despega y se dirije a donde Juan. Yo continúo sobrevolando el despegue, a 100 mts de altura, hasta que decido acompañar a mis compañeros.

Estamos todos casi a la misma altura, termaleando juntos. Aprovecho para hacer algunas tomas.

Dos térmicas después de despegar nos encontramos 3 km al occidente de Venadillo, y con una excelente posición para continuar.

Volamos paralelos a la carretera principal, que se encuentra 2.5 km al oriente, para llegar sobre un caserío en el pié de monte de otra ladera que ofrece una carretera hasta otro posible despegadero, pero con sólo 500 mts de desnivel y 3,1 km hasta los aterrizaderos (algo así como 6,5:1), después de una sinuosa carretera destapada.

Juan Arango se decide por volar hacia la carretera en busca de la seguridad de unos potreros y del pavimento para la recogida mientras Isaza y yo lo miramos desde la montaña.

Lentamente Juan recupera su posición y nosotros volamos para encontrarnos con él debajo de una buena nube que nos junta de nuevo. Iniciamos la transición hacia Lérida todos juntos.

Conservadores planeos de 6-7 km nos ponen en movimiento, mientras cambiamos posiciones varias veces. Yo opto por contenerme detrás, pero afortunadamente logro mantenerme encima de Isaza y Juan, por lo que me queda bastante más fácil controlar lo que cada uno hace, y optimizar mis planeos según sus planeos.

Una fuerte descendente en un planeo de 6 km desde Lérida, nos deja penosamente buscando condiciones sobre Armero, que lentamente nos empieza a rescatar en una térmica supremamente incongruente y desordenada.

Para entonces Ani nos alcanza en el carro y se detiene a tomar algunas fotografías del pueblo mientras nosotros tratamos penosamente de rescatarnos.

Luego de girar cerca de 10 minutos y ganar un par de cientos de metros, Alejo y Juan arrancan hacia el norte y yo los sigo un giro más tarde, para encontrarnos 700 mts más adelante con un hermoso núcleo que debimos haber encontrado 10 minutos antes. Remontamos hasta la nube, cerca de 1600-1700 mts, y arrancamos de nuevo hacia el norte hasta Guayabal, a donde llegamos muy juntos, pero Juan con 100 metros menos de altura.

Encontramos una térmica que parecía no derivar y nos empezó a subir lentamente, pero esta vez no me iba a conformar con una turbulencia. Amplié los círculos varias veces hasta que encontré lo que sería el núcleo más definido de todo el día, de +3m/s, que en minutos me dejó a 1900 mts jugando en los bordes de una nube. Esperé a que Isaza remontara, quien subió hasta 1800 aproximadamente y arrancó, y luego me quedé esperando a Juan, que arrancó con 1400 mts. Lo seguí desde arriba, hasta que Juan encontró un pequeño núcleo en el que se detuvo para asegurar más altura. Continué hasta alcanzar a Isaza.

El viento era bien confuso, pues en altura las nubes marcaban un viento sur-sureste pero en superficie el viento era norte, noreste, y en los planeos se sentía, pues a veces lográbamos velocidades gps de 10 km/h más rápidas que las aerodinámicas, y a veces 5km/h más lentas…

Tomamos la última térmica mientras Juan Arango nos pasaba por debajo hacia un aterrizadero al pié de la carretera de 480 x 300 metros, donde aterrizó sin contratiempos.

No obstante estar cerca de 800 mts sobre el suelo, Isaza cantó que ya no daba mas, y yo celebré su decisión, pues venía con un dolor de cabeza desde hacía más de una hora, y todavía había que manejar hasta Medellín.

Ani nos siguió todo el tiempo, y aunque se quedó un poco atrás en Armero, y no logró llegar a tiempo para ver el aterrizaje de Juan Arango, si llegó un par de minutos antes de que Isaza iniciara su aproximación. Minutos más tarde me encontraba haciendo un sobrepaso (mas alto de lo que me hubiera gustado) sobre mis compañeros, para hacer un enorme 180 y entrar con un fuerte Flare a unos 30 o 40 mts de donde se encontraban desarmando.

Volamos cerca de 2:50, y recorrimos 51 km desde el sitio de despegue.

El track en formato Google Earth (KML) aquí.

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2 respuestas a Ibagué, tercera entrega: Anzoátegui

  1. William Fierro dijo:

    Amigo, me gusta mucho este tipo de articulos, soy de la ciudad de Ibague, cuando vuelvas puedes alojarte en una finca a las afueras de ibague, no te cobro nada, contactame si quieres!

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