Italia 2011 – 14 de Julio – Salida y transporte de equipos.

Bueno.

Empieza el éxodo migratorio de estas pesadas aves, que atravesarán el atlántico desde hermosas tierras tropicales suramericanas, hasta las costas mediterráneas.

Los primeros de la selección en enfrentarse a los asuntos son Alejo Isaza y Carlos Correa, acompañados de Natalia.

Su primer piedra en el zapato sería el hecho de que sus tiquetes fueron con Iberia, y el único trayecto con Avianca sería Medellín – Bogotá, en un vuelo local.

Avianca les admite las alas, no sin antes cobrarles un sobrepeso (Isaza pagaría cerca de $300.000 por el transporte de su ala y Siroco un poco menos, pero ya me confirmarán), pero aforadas solamente hasta Bogotá.  Allí llegarían a puente aéreo, donde tuvieron que recoger las alas nuevamente, esperar cerca de una hora a que uno de los buses grandes los recogieran y los llevaran a la terminal principal.

Una vez en la terminarl principal de El Dorado, tuvieron que pasar de nuevo por el estres de aforar las alas, pero esta vez ante un inflexible funcionario de Iberia, amargado por el clima y ambiente típicos de Bogotá, que definitivamente no les dió ninguna opción.

Nuestros compatriotas no tuvieron más remedio que salir del aeropuerto a dejar las cometas guardadas en un sitio de bodegas de equipajes. La alternativa consiste en que Jorge, Ani y yo, que llegamos mas tarde a Bogotá, tratemos de recuperar las alas del bodegaje, y tratemos de aforarlas nuevamente como equipaje extra nuestro, en el vuelo de Avianca.

Mas tarde, Alejo adelantaría la operación para la exención de los impuestos del país, presentando la carta original, a lo que le entregaron 8 certificados de devolución de impuestos (dos por cada piloto antioqueño). Sin embargo, no le explicaron qué debía hacer con ellos, y estaban bastante justos de tiempo para pasar inmigración, por lo que terminaron adentro de la sala de espera, con los certificados de exención de impuestos pero sin un solo peso. Luego de conversar con Isaza por téfono, concluímos que era necesario reclamar los dineros de la devolución antes de salir, por lo tanto, Isaza nos dejó los 8 certificados en una cafetería de la sala de espera, con la esperanza de que nosotros (Jorge, Ani y yo) los reclamemos, salgamos de la sala de espera y tramitemos la entrega de la devolución de los impuestos de salida.

Por nuestra parte, llegamos al aeropuerto temprano (casi 4 horas antes del vuelo), al que nos lleva Maria Isabel. Tenemos una desacelerada y afable conversación con el personal de Avianca en los contadores. Sin mayores pormenores, con un poquito de verbo y poesía jurídica, y gracias a que Jorge tiene impresas las condiciones de equipaje de Avianca, logramos entrar las cometas y los equipos, aforados hasta Roma, por cómodos $100 dólares.

Para acabar de ajustar, el día anterior, mientras volvía de trabajar en Bogotá, me pidieron que cediera mi cupo en el vuelo de regreso, y que demorara mi llegada a Medellín 1 hora más. Acepté y me concedieron $200.000 de crédito para excesos de equipaje y demás, por lo que no tuve que desembolsar para atender al costo del transporte del equipo.

De momento estaremos esperando la llegada a Bogotá para tratar de resolver satisfactoriamente el transporte de las alas de Isaza y Siroco hasta Roma, así como la devolución de los impuestos.

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