Copa Iyomá 2012 – Día 2

Una hermosa y soleada mañana nos pone a correr hacia el despegue. Para las 10 am ya hemos definido una prueba de 88 km, en lo que parece un día perfecto.

Start en el despegue de 2 km, luego Tuluá con un radio de 8 km, luego Zarzal y finalmente meta en Cruces, con un radio de 6 km, para que coincidiera con el aeropuerto de Obando (104 km menos radios, un total efectivo de 88 km.

Despego 30 minutos antes del primer start, y luego de una rasante para provocar a los demás pilotos, me concentro en la prueba.

Tristemente para el primer start el día se apaga y decidimos esperar el siguiente.

15 tortuosos minutos mas tarde, y 100 metros mas bajo, apenas con la altura del despegue, inicio el recorrido.

Sólo me aventaja Jorge García, quien había salido prematuramente al segundo start, y a quien supero apenas pasando la escuelita.

Para cuando voy cruzando a Bolivar, Mike arranca a perseguirme.

Las conduciones mejoran, pero los ascensos no superan los 1900 mts, entonces el avance, con solo 950 mts sobre el suelo, se vuelve penoso.

Cada que intento avanzar un poco más, termino peligrosamente bajo.

El vuelo se convierte en un vuelo de rescatadas, y termino perdiendo la cuenta de cuántas veces me toca subirme de menos de 300 mts de altura.

Logro liderar durante casi 50 km, hasta que se me acaba el impulso y termino aterrizado a unos 5 o 6 kilómetros de la baliza de Zarzal.

10 minutos más tarde llegaría Corrales, quien venía miy rápido, probablemente con un start o dos más tarde que yo (venía haciendo un tiempo al menos 5 minutos más rápido).

Sin embargo mi aproximación me resulta evidentemente más amplia, por lo qur confìo en haberle ganado, no solo por bono de liderato, sino también por distancia, ya que la velocidad no se considera cuando no llegamos a la meta.

Mike, que venía presionando por detrás, aterrizaría unos pocos kilómetros detras de nosotros por el que creo sería el tercer puesto del día, y si llno hay sorpresas, Alejo Trujillo se quedaría con el cuarto puesto, 16 km más atrás, luego de cometer el garrafal error de volar casi hasta el aeropuerto de Tuluá, cuando teníamos que acercarnos a 8 km y dar media vuelta.

Aterrizamos en un hermoso potrero lleno de caballos tranquilos que vienen a jugar a los mordiscos alrededor de mi cometa.

Corrales aterrizaría un poco aparatoso, luego de perder el control de dirección del ala, al hacer el cambio de manos durante el último giro.

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