Pre – Roldanillo 2012

Dos semanas antes del campeonato nacional de Roldanillo 2012, y aprovechando el puente del 7 de Agosto, partimos rumbo a Roldanillo el sábado a las 4:30 am, Felipe Echeverry, Juan Camilo Betancur y yo. En Roldanillo nos esperan Comander y Carlos García, quienes habían viajado la noche anterior en moto.

En ruta, desde Chinchiná nos recibe una lluvia suave y eterna, que nos acompañaría hasta Obando, con un cirro gigante que mantiene el sol alejado.  A las 9:15 am estamos desayunando en Roldanillo, y luego de dormitar cerca de 2 horas en el hotel, estaríamos saliendo rumbo al despegue alrededor de las 11:30 am.

Allí nos encontraríamos con Mike Glennon y con Oscar Morales, para despegar a la 1:10 pm y hacer un corto vuelo de 50 minutos que nos dejaba en el Aeropuerto, donde aterrizarían también Felipe, Camilo y Carlos.

El viaje en carro fue algo agotador, y a pesar de que el recorrido fue relativamente rápido, me indispuso bastante para el vuelo (migraña y algo de náuseas en vuelo).

Oscar y Mike logran sacarle algo más de provecho al día, que empieza a abrirse un poco, pero no lo suficiente para permitir un vuelo significativo. Cerca de 1:30 de vuelo, estarían aterrizando también en el aeropuerto. (Estamos usando el arado al sur del aeropuerto, que está despejado, pues la pista ya tiene la caña un poco alta.)

Hay un marcado viento del sur.

El domingo, mucho más descansados del viaje en la mañana, pero después de una pequeña llovizna en la noche que se extiende hasta las primeras horas de la mañana, estaríamos subiendo también tarde, por culpa de los Juegos Olímpicos que nos mantienen con un ojo en los televisores del hotel.

Mike y Oscar se han regresado para Cali por lo que quedamos sólo los antioquieños.

En el despegue aparece una enorme delegación de parapentistas que vienen haciendo tour por Colombia, al parecer en un curso de cross country. Les respetamos un rato la zona del despegue y quedamos relegados a un pequeño espacio mientras los vemos despegar. Se hace algo tarde por lo que “rompemos las filas” y estoy despegando a las 12:23.

Los ascensos son duros, pero los techos llegan a los 2.100 – 2.150 mts. Me empiezo a mover hacia el norte, aprovechando el viento sur, pero el techo empieza a caerse y las térmicas se vuelven mas esquivas cada vez.

Felipe me sigue de cerca, y cuando estamos llegando a “Amparito”, 10 km al norte del despegue, la cordillera nos expulsa con una desagradable descendente. El vuelo terminaría prematuramente con 1h 50m, luego de trabajar el valle, para aterrizar finalmente con Carlos García en medio del valle, al frente de La Ondina.

El lunes, después de una noche sin lluvia, amanece muy bien, en lo que nos gustaría fuera el clima que encontraríamos durante el evento.

Nos proponemos una agresiva prueba de 112 km: Despegue – Buga – Pista Rolda.

Saliendo de primero a las 11:17 (una hora antes del día anterior) no tardaría en estar a 2.300 sobre el despegue, por lo que empezaría a moverme hacia el sur, lentamente, mientras Carlos y Felipe me van dando alcance lentamente.

Para cuando llegamos a Huasanó, Carlos está bastante cerca, por lo que me regreso un par de kilómetros para conectarme con él y cruzar el valle juntos antes de Rio Frio, rumbo a Tuluá, con 2500 mts de altura.

Sólo llegando a la cabecera norte de la pista encontramos una térmica que nos regresa de 1800 a 2300 mts, y nos permite avanzar rumbo al centro de Tuluá.

Carlos se deja intimidar por el mar de cemento y ladrillo y se mantiene tímidamente al margen de la gran ciudad, mientras yo me adentro hasta una buena térmica en medio del poblado, hasta los 2.700 mts.

Carlos se las arregla para continuar avanzando un poco más bajo pero delante, y luego de tomar una última térmica cerca de San Pedro, haría un último planeo, también conservador (por fuera de la ciudad y sobre zonas verdes y frías) hasta Buga, a donde llegaría con 400 mts para hacer un reducido patrón de búsqueda y terminar aterrizado.

Yo de nuevo aprovecho la altura para adentrarme lo más posible dentro del cemento, pero siempre con un aterrizader cómodamente en planeo. Lo que parecía un ascenso seguro se convierte en un penoso avance, cuando todo el cielo se sobredesarrolla y se forma un cirro inmenso. El oriente tiene grandes cumulonimbus que empiezan a descargar a 10 km de nuestra posición, y proyectan un cirro que apaga todas las condiciones. Lentamente empiezo a salir de Buga y conecto con Felipe Echeverri, 2 km al norte de Buga, quien se ha rescatado milagrosamente un par de veces. Hay un hueco de sol sólo entre Buga y Tuluá, y de allí otro cirro tiene todo el valle completamente envuelto en sombra.

Trato de indicarle a Felipe que volemos juntos, y que regresemos hacia el norte, pero como es costumbre, hace dos o tres giros más antes de arrancar, y me pierde de vista, cuando vamos regresando.

Me aventuro hacia el centro del valle a unos enormes arados con sol, pero no encuentro nada de ascendencia, y me veo obligado a virar 90 grados en un planeo suicida hacia el basurero al sur de San Pedro, mientras Felipe me sobrepasa con 300 o 400 mts de diferencia. Lo veo extender su planeo mientras conecto lo que sería la térmica más interesante del día, justo sobre el basurero (uno de los pocos sitios con sol en el momento), superando los 2.700 mts (el track de gps marca 2980 pero todos sabemos que el gps marca siempre más altura que el barómetro).

Paso Tulúa sin inconvenientes. Para cuando asciendo en Bugalagrande el viento sur ya me ha abandonado y tengo una componente marcada del pacífico, de 10 km/h; llegando al peaje de La Uribe un hermoso arco iris de 180 grados (con los dos extremos tocando el suelo), a cuatro kilómetros al Este, me saca una sonrisa, que luego se me convierte en una mueca de desagrado cuando me caen unas pequeñas gotas de agua. Un cirro con agua me cierra el paso por La Paila, un aguacero me empieza a dar alcance por el Este y el Sur está oscuro y desolado. Sólo un poco de sol hacia el pacífico parece marcar la ruta. Necesito sicológicamente todavía 500 mts más para intentar un planeo hasta el aeropuerto, a pesar de que el computador me dice que me faltan sólo 100 mts, pero nada que hacer. Viramos 90 grados hacia el occidente, rumbo a Bolivar, y aterrizaría cerca del paso del Ferri. 10 minutos más tarde una pequeña llovizna llegaría con radicales cambios de viento. Logro completar cerca de 100 km del recorrido.

El martes subimos un poco más temprano, y luego de acosar a mis co-equiperos, logramos despegar a Juan Camilo alrededor de las 10:45. Felipe lo sigue a las 10:55 y yo estaría despegando para las 10:59. Carlos saldría unos minutos después.

La prueba: Despegue – La Virginia – Belalcázar – El 41. (102 km)

Comienzo a moverme lento, tratando de que Carlos y Felipe me den alcance en el primer trayecto hasta Amparito.  Vamos siguiendo a un par de parapentistas, probablemente el Suizo y Bernardo, que nos llevan 5 o 6 km de ventaja.

Para cuando llegamos a Amparito, les damos alcance a los parapentes, quienes agresivamente se adentran hacia el occidente, detrás del paso hacia La Unión, y remontan cómodamente. Yo me desconcentro mientras Carlos y Felipe toman un suave ascenso sobre la cuchilla que baja hacia Higueroncito, y luego de perder algo de altura, sin decidirme por los parapentes o por las alas delta, termino debajo de Carlos y Felipe en un lento ascenso. Los parapentes nos dejan atrás y pasan a La Unión. Luego Carlos sale unos 500 mts mas alto que yo, y Felipe lo secunda un par de kilómetros detrás. Me tardo bastante en tomar algo de altura, hasta que logro asegurar el paso completo de La Unión. Acelero y le doy alcance Felipe, justo en el despegue de la Unión, pero de nuevo, algo tarde y bajo para el turbulento ciclo térmico. No logro remontar, y Carlos nos deja de nuevo, seguido por Felipe. Allí quedo atorado al menos 5 minutos mientras finalmente logro tomar un segundo ciclo, que me permite presionar por la montaña, haciendo un trayecto algo más largo, pero por una zona que presenta más condiciones.

Los parapentes van una térmica delante (5 km), marcando un buen paso y tomando buenas decisiones y ascensos, mientras Carlos y Felipe se han abierto hacia la carretera, en una línea casi despojada de nubes. Subirían en San Francisco, cuando estoy casi a 90 grados hacia el occidente.

Carlos de nuevo se le escapa a Felipe e inicia un planeo hacia las laderas bajas del occidente de Cartago, donde no parecen haber muchas condiciones, y termina prematuramente aterrizando junto a la carretera.

Veo a Felipe y decido separarme de la montaña para volar con él. Nos unimos en la misma térmica, pero Felipe se desconcentra unos segundos cuando estamos llegando a la base, y hace un enorme giro por fuera del núcleo, en la descendente, perdiendo cerca de 80 metros de altura, cuando es hora de arrancar. Aun así, eligo una línea que asegura que Felipe puede acompañarme, adentrándonos un poco en las laderas antes de salir al valle, pero Felipe se abre hacia el oriente y pierde más altura, y no logra regresarse hasta donde yo marco un tímido núcleo.

Felipe lucharía cerca de 30 o 40 minutos ganando un poco de altura, pero sicológicamente programado para aterrizarse con Carlos, no es capaz de continuar avanzando para probar suerte, y terminaría acompañando a Carlos.

Los parapentes continúan presionando montaña adentro, pasando muy por detrás de la glorieta de Ansermanuevo, a lo largo de un pequeño valle donde aterrizar una cometa resultaría complicado. Su ruta termina siendo bastante buena, cuando los veo llegar al despegue de Ansermanuevo, donde probablemente hicieron top landing.

Yo me despego de la montaña para pasar un enorme hueco, tratando de conectar con las condiciones que muestra el aeropuerto de Cartago. Un kilómetro antes de la cabecera norte gano un poco de altura extra, pero el occidente está completamente nublado, cambio de rumbo nuevamente y regreso hacia el norte de la glorieta de Ansermanuevo, 3 o 4 km al norte del despegue de Ansermanuevo, donde me tardo bastante en recuperarme de 400 mts de altura. Finalmente con 2100 me aventuro hacia La Virginia, apuntando a las colinas que hay en medio de la ruta, donde una excelente térmica me deja cómodamente ubicado para llegar hasta la Virginia con cerca de 1000 metros para buscar.

No me tardo en encontrar un buen núcleo 1 km al norte del pueblo, que de nuevo me remonta a 2350 mts, que me alcanzan para volar hacia la pequeña cordillera en la que descansa Belalcázar, con una hermosa línea de nubes que confío alcanzar desde el primer momento. Sin embargo, no logro pescar ninguna térmica, luego de recorrer cerca de 6 km sobre el filo, y bajo unas nubes perfectas. Paso a escasos 50 mts del Cristo de Belalcazar, bajo la mirada incrédula de algunos visitantes del monumento. Sobrevuelo el pueblo con escasos 50 mts sobre los techos de las casas, hasta que me veo obligado a virar hacia la izquierda, a la seguridad del valle del Risaralda, con la fortuna de encontrar un turbulento núcleo térmico que se empieza a formar en una de las laderas. Lo tomo y lentamente se va definiendo hasta convertirse en una sana térmica que me deja basenube (y un poco más). 30 segundos más tarde estaría saliendo de la nube, para encontrarme con otra, y meterme por otros 10 segundos, mientras cruzo rumbo norte, mejorando lentamente los números necesarios para llegar al 41.

6 km más adelante, y con un planeo de 12:1 de 20 km hasta el 41, sobre el corregimiento de La Habana, decido despegarme de la seguridad del filo, y volar hacia la meta prefijada. Dos nubes en ruta me indican el camino. Sin embargo, el viento del occidente, que en principio me ayudaría a avanzar hacia mi destino, se convierte en una desagradable cascada de descendente que me pone a perder altura más rápido de lo previsto. El planeo parece mantenerse en los 11,5:1, pero el computador me indica que tengo la meta con sólo 150 mts de exceso. El terreno parece elevarse al frente de mi, y una pequeña antena justo antes del aterrizadero, sobre una colina, parece demasiado cerca para ser confortable. Pruebo suerte sobre Arauca, con un inmenso aterrizadero al lado de una pequeña quema que marca dos vientos con 90 grados de diferencia.  Afortunadamente encuentro un núcleo que a pesar de lo rudo que inicia, no tengo problemas en aguantarme sus reproches iniciales para dejarse tomar, y con gusto me gano unos 100 metros adicionales que me ponen en situación de confort.

Saco la cámara y aprovecho para hacer unas cuantas tomas de la zona, y en especial del aterrizadero intermedio para futuras referencias, y luego aprovecho la térmica algo más definida, que me regala 500 metros más, para llegar sin afanes, y con mucha altura extra (800 mts) al aterrizadero del 41.

El clima parece estar de nuestro lado, y es posible que tengamos un buen campeonato nacional ahora en 2 semanas, mientras el sobredesarrollo no nos complique “el caminao”.

Viento sur predominante los 4 días, y un pacífico prematuro que se muestra desde las 2 pm, o incluso antes, pero techos cómodos en exceso de los 2100 mts permiten planeos buenos.

En total logramos registrar 11,3 horas de vuelo, y cerca de 220 km de vuelo. Un buen entrenamiento.

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2 respuestas a Pre – Roldanillo 2012

  1. Mauricio dijo:

    Felicitaciones que vuelazos ese es tiempo que algún día quiero encontrar para mi.
    Y la narración estuvo increíble esta vez.
    Felicitaciones.

  2. patsy dijo:

    Saludos, quisiera saber qué hotel está mejor para el grupo de vuelo libre de Guatemala. gracias

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