Campeonato Nacional de Ala delta 2015 – Día 6

Animados por la prueba de ayer, esta vez deciden una ida y vuelta a Buga, de 104 km aproximadamente, pero sin balizas intermedias, lo que permite escoger la mejor ruta que el día ofrezca en dos trayectos de poco más de 50 kms.

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El único start lo disponen para las 11:45, con 3km de salida alrededor del despegue.

Se animan Oscar Morales, Juan Arango y un poco más tarde Jorge García, quienes tienen cerca de 20 minutos para ubicarse en el start.  Nosotros nos posicionamos en línea de salida, con Alejo Trujillo parado en rampa y nosotros en quinta posición de partida, pero el viento no es el adecuado y nos quedamos atorados en rampa incluso para cuando suena el start de las 11:45. Los punteros aprovechan la ventaja y la posición para iniciar la carrera mientras nosotros nos disponemos a despegar por la rampa sur.

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Una fuerte carrera que me obliga a desviarme a la izquierda para mantener las alas niveladas, me deja sin inconvenientes en vuelo 5 minutos después del start.

La primera ascendencia no es muy fuerte y sin haber tomado mucha altura,  decido empezar a moverme hacia el sur, buscando unas nubes más benébolas que descanzan sobre una ladera soleada 3 km más al sur.

Juan Camilo me acompaña de cerca, pero yo acelero para saltar una descendente y conectar rápido con un núcleo cerrado.  Juan Camilo llegaría un poco más tarde y perdería el núcleo, obligándose a buscar algo hacia el oriente, perdiendo 500 metros o más en el proceso.

El grupo de pilotos que esperaron un poco más pacientes sobre el despegue obtienen un buen márgen y nos pasan sin dificultades por encima.

Me enfilo hacia Bolivar siguiendo a Héctor Corrales y llego tan bajo que debo rodear toda la antena para poder tomar la térmica que subía por Ricaurte.

El ascenso no es muy rápido y pronto me supera  Carlos García en un buen planeo desde el Start, quien continúa avanzando tras ganar altura  más al occidente.  Cambio de núcleo tratando de aprovechar a Carlos de marcador, y Anibal García me secunda.

Carlos elige una ruta un poco más al occidente a lo largo de un hueco azul, para conectar con las nubes antes del despegue de Trujillo, y yo prefiero una línea más recta hacia una nube aislada pero más cercana, que me regala un rápido ascenso que me permite escapármele a Anibal e incluso adelantar a Carlos García, quien está perdiendo algo de tiempo en centrar un núcleo bajo su línea de nubes.

Mi ruta, es un poco más recta y en lugar de utilizar un corredor, está dibujada por pequeños pero saludables cúmulos convenientemente separados. Casi todos ellos funcionan y empiezo a hacer algunos kilómetros en busca de los punteros.

Atrás de Huasanó, la línea de nubes se proyecta casi sobre Trujillo, y la decisión más sensata parece ser la de continuar atravesando Rio Frio por la cordillera occidental.

Me lanzo haciendo un pequeño zig zag entre cada vestigio de nube, y finalmente termino conectando una térmica turbulenta sobre la parte alta del valle de Rio Frío.

Encima mío por lo menos  600 mts más alto, veo a Oscar Morales y un par de kilómetros más adelante (hacia el sur) y unos cientos de metros más alto que Oscar, veo a Juan Arango cruzando por una línea de nubes justo en la espina al sur de Rio Frío. 

La decisión está tomada. Me limito a seguir esa ruta, ya que salir al valle está completamente fuera de lugar, pues una densa nubosidad (estrato cirros) mantienen todo el valle del cáuca entre Tuluá y Buga bajo una sombra desconcertante.

Aprovechando todos los ascensos que las reticientes nubes nos muestran a lo largo de la ruta, y luchando contra un fuerte viento del Sur Este, avanzo hasta darle alcance a Oscar Morales, llegándole cerca de 200 mts más bajo.

Oscar está volando muy pacientemente y se ha ido cargando más hacia el occidente, saltando varios filos y poniéndose incluso a merced del sotavento de las estribaciones de la cordillera.

Trato de buscar a Juan Arango o a Jorge García mientras me acomodo siguiendo la proyección de las térmicas que marca Oscar varios metros sobre mi.

Estoy a un poco más de 2000 mts y un poco escéptico con las marginales condiciones y el fuerte viento, a punto de iniciar un planeo final hacia la baliza de Buga, a la que probablemente no alcancaré a llegar, cuando Oscar se deriva casi 1 km hacia el occidente y muestra un ascenso excepcional.

Decido entonces aprovechar su marca para probar suerte debajo y entonces encuentro un núcleo inicialmente turbulento y desagradable, pero que en la medida en que ganamos altura se empieza a poner coherente.

Llegando a base nube, logro nivelarme con Oscar y le hago señas para que arranquemos, que ya tenemos Buga con algo más de 400 mts, para que volemos juntos. Oscar me lee, pero cuando arrancamos, cada uno toma una decisión diferente y ninguno de los dos decide cambiar de parecer.

Yo elegiré una línea completamente recta, hacia el suroriente, contra el viento para escapar a las laderas lo más pronto posible, y flotar hacia la baliza, mientras que Oscar continúa más hacia el Sur sobre las laderas, hacia una última nube, con la esperanza de un nuevo ascenso, pero volando en una línea de viento más desagradable y descendente.

500 mts antes de la baliza veo unos gallinazos girando pero en lugar de desviarme a tomar un nuevo ascenso, me abalanzo hacia la baliza y regreso a buscar la térmica, aprovechando el viento fuerte del sur para derivar lentamente en cualquier térmica, hacia la meta, 54 km al norte.

Oscar por su parte tomará más altura en la otra nube, pero marcará la baliza en un sitio no tan óptimo y termina derivando por 4 o 5 km prácticamente hasta el punto donde yo marco la baliza, y aterrizaría allí.

Mi vuelo pasa a ser entonces un vuelo de pura supervivencia, dejándome llevar por el viento hacia el norte, y girando en cuanta ascendencia logro encontrar debajo de un cielo completamente entoldado.

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Termino, contra todas mis expectativas, atravesando incluso Tuluá, y casi logro conectar un ciclo de sol que apenas está empezando a mostrarse.

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2 minutos antes de aterrizar, el sol se abre sobre mi y comienza a calentar el suelo, pero mi poca altura no es suficiente para sostenerme por otros 4 o 5 minutos mientras se libera alguna térmica y termino aterrizando cómodamente, con un excelente aterrizaje en un lugar bastante más pequeño de lo que hubiese pensado.

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Desarmo debajo de un árbol repleto de melenas, en una agradable sombra, con una brisa del sur de más de 15km/h.

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Ani tendría tiempo de almorzar mientras yo desmonto el equipo, y estaría convenientemente a mi lado sólo 5 minutos después de que he llevado el ala a la carretera.

Nadie llegaría a la meta y yo terminaría finalmente de primero en el día, secundado por Oscar Morales.

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