Récord nacional de distancia en línea recta – 185km

Regresamos a Apía, sólo 8 días después del primer intento.

En esta ocasión nos acompañan Mauricio Hoyos, Conrado Muñoz y Comander como conductor oficial.

4:15 am salimos de Medellín rumbo a Apía.

Allí estarán también Jorge y Carlos García con Claudia, y Héctor Corrales que subiría con Juan Camilo Marín, Jheison Pineda y Gustavo Jimenez, para un total de 9 alas delta en el despegue.

José Poso también nos acompaña con su parapente.

El día está completamente azul. Ni una sola nube nos marca el camino. Estaremos navegando ciegos.

José abre el despegue antes de las 10:30 y se remonta sobre el despegue en segundos, e inicia la transición.

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Yo despego con una salida muy mala,  perdiendo el ala izquierda desde la carrera y saliendo precariamente sobre la batea inferior.  No es una forma bonita de iniciar un largo vuelo, pero al menos estoy en el aire.

El primer ascenso me cuesta mucho trabajo, y apenas logro mantenerme a la altura del despegue durante los primeros 15 minutos.  Sólo Conrado me acompañaría en mi primera batalla, mientras los demás miran desprevenidos nuestro futil intentonde ascender.

Un par de gallinazos suben a nuestro lado y me abalanzo sobre ellos. Es una térmica joven estrecha pero no la pienso soltar.  Logro escaparme de ese letargo y 20 minutos después de despegar comienzo a sumar kilómeteos hacia el sur.

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Aprovecho la información del vuelo anterior para navegar el cielo desprovisto de marcadores, tratando de seguir la misma línea que nos había funcionado, y parece ser acertada.

No obstante improviso subiendo hacia Balboa y con sólo 15 km de recorrido me meto en la primera situación incómoda. Con 1750 mts (que parecen mucho porque son mas de 8 minutos de aire) me encañono el Balboa. Ya sólo tengo una salida hacia el valle a más de 6 km para escapar de una zona inaterrizable. Con la altura justa para llegar al primer potrero respetable empiezo a descender buscando los posibles focos térmicos en el proceso.

Encuentro una turbulenta térmica de Sotavento y sin escrúpulos la tomo para salir de esta encrucijada.  No me dejo intimidar y aprovecho la altura extra para adentrarme aun mas hacia territorio salvaje, alejándome de la seguridad del valle. Funciona.

Sin mucho drama logro llegar a Ansemanuevo relativamente rápido.

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Hago la misma jugada que 8 días antes y también resulta acertada. Incluso gano mas altura y paso cómodamente San Francisco y luego Toro.

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Para cruzar el valle, a pesar de que voy casi 40 minutos mas temprano que hace 8 días, decido aprovechar la línea de Despegue La Unión – Sur Victoria y funciona.

Me relajo un poco cuando logro pasar sin inconvenientes y parece que encuentro las térmicas cuando todavía estoy cómodo de altura.

Paso Zarzal y me dirijo cómodamente a La Bonita, una hacienda inserta en las colinas bajas al oriente de La Paila.

Una descendente no me preocupa pues indica que cerca hay una térmica… se prolonga un poco más de lo normal y debo regresar un poco hacia el occidente… otra descendente no quiere soltarme. Para cuando me empiezo a preocupar ya estoy demasiado bajo. Busco un aterrizadero y estoy en una encrucijada. El más cercano está a casi 2 km y tiene una torre de alta tensión. Entre él y yo hay solo lomas y árboles.  Una absurda línea entre unos árboles parece mi única opción y tengo sólo 1177mts (cerca de 135 mts sobre el suelo, menos de 2 minutos de aire).

Una brusca y turbulenta térmica me regala unos metros adicionales. Ya tengo en planeo un potrero mejor que el de la torre de luz. Estoy salvado de temer que sortear una emergencia, si sólo arranco derecho haciabel nuevo sitio seguro y aterrizo. Pero no. Justo aparecen 3 gallinazos más adentro, ladera arriba, lejos de la seguridad del aterrizadero.  Si me aventuro ya no tendré altura para escapar y estaré nuevamente en la encrucijada de aterrizar en lomas entre árboles tratandon de no estrellarme.

Me la juego confiado y tengo suerte. Es una super térmica y no pienso soltarla. Me regala 1151 mts de ganancia a 2.3m/s promedio. Con casi 2400 estamos otra vez en el juego.

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Pasando la Paila, trato de mantenerme detrás de la carretera, en la sección de montañas tostadas por el intenso verano. Hay un viento del Suroeste que nos mantiene volando un poco lento y los planeos aunque parecen largos por la altura que pierdo, no superan los 6km entre térmicas.

Detrás de Andalucía y Bugalagrande me la juego más adentro, pero esta vez con unos buenos sitios de aterrizaje justo debajo, sólo un poco retirados de la vía principal, pero con carreteras y fincas que me dan algo de tranquilidad.

A 5.5 km al oriente de la carretera y con sólo 550 mts sobre el suelo, encuentro otra de esas térmicas excepcionales que me regalan 1300 mts de ganancia a 2.4m/s.

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Unas tímidas nubes me marcan una línea, que aprovecho y funciona.

Un nuevo planeo que resulta más largo de lo que me hubiese gustado, me lleva a cruzar Tuluá por el oriente, en un cielo desprovisto de nubes, y sin ninguna térmica respetable qué aprovechar.  De 2900 desciendo de nuevo a 1500. Me encuentro con un parapente que viene de San Pedro, pero pasa muy bajo y no creo haberle servido de mucha ayuda, como tampoco él me sirvió a mi.

Dos térmicas más adelante, que no me dan tanta altura, me acerco a Buga. Es hora de presionar montaña arriba. Sólo hay una línea de nubes completamente atrás en la cordillera central, demasiado adentro para ser utilizables. Me subo a 2400 y tengo dos opciones, o adentrarme más hacia la cordillera, o aprovechar la altura para pasar Buga y buscar en las lomas bajas al sur, otro nuevo ascenso.

“Si no arriesgo, no gano”.  Decido adentrarme. Hay unas mangas en un pequeño cañon que me permitirían buscar un rato o aterrizar cerca a una carretera, detrás de Buga. Si no encuentro nada útil, hasta allí llegaría mi vuelo, pero el lugar de aterrizaje se ve sano.

Un largo patrón de búsqueda finalmente me devuelve a las antenas repetidoras al oriente de Buga, y encuentro, gracias a varios gallinazos, un buen ascenso que me permite ahora cortar toda la cordillera hacia “La Mesa”.

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Detrás de Buga

En este punto el viento del pacífico que viene cruzando la cordillera occidental, pasa por Calima y desciende por Buga, bifurcándose hacia el norte y hacia el sur. Finalmente algo de viento a favor me permite avanzar más rápido y con planeos más generosos.

En lo que resulta casi un planeo ininterrumpido, llego hasta la zona de Pie de Chinche.

Hay varios parapentes volando en la Maloca, pero ninguno parece estar subiendo significativamente.  Están difíciles las condiciones.

Encuentro una térmica lenta pero constante, que no pienso soltar mientras analizo el salto hacia los próximos kilómetros.

La marca de 173 está al alcance y estoy confiado de lograr superarla con la altura que logro, pero sigo pensando en los 200. Necesito al menos 2 térmicas más, pero el cielo no ofrece una sola pista y a pesar de no haber cirros, la visibilidad está un poco opaca y todo se ve estable.

Me la juego en un planeo algo tímido hacia El Morro, con la esperanza de remontar un poco y subir de nuevo a la cordillera. Probablemente las ansias de recuperar mi récord y un poquito de desesperanza por el último planeo incipiente, me llevan a tomar la triste decisión de acercarme más al valle. Las únicas nubes, aunque poco prometedoras, estaban 4 km más adentro y aunque no hubiese tenido altura para llegar por encima de la siguiente ladera, por lo menos hubiese tratado de sostenerme en esa línea.

Lenta  y penosamente voy viendo cómo la altura se va acabando. Apenas paso la marca del récord actual y el escenario no ayuda. Un intento en La Buitrera en un circuito en un 8 recorriendo 1 km de terreno a lo ancho, nada.  No queda más que alargar cuanto pueda los 700 mts de altura con que cuento. Sólo 7.2 km logro exprimir aterrizando un par de kilómetros al norte de Pradera, y con 185km en línea recta como la nueva marca nacional de distancia abierta.

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Mauricio Hoyos, Conrado y Comander estarían llegando unos minutos después de aterrizar.

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Con Conrado y Mauricio. Comander en la cámara

La ventaja es que quedamos con la sensación de que los 200 están ahí no mas, a un pequeño suspiro, y el valle todavía nos ofrece espacio si utilizamos a Apía como plataforma.  Hay que seguir intentándolo y tratar de ganar lo que se está convirtiendo en una “carrera invisible” entre las Alas Delta y los Parapentes, de ser los primeros en marcar los 200 km en Colombia.

Incluso, revisando los registros públicos de los vuelos en las bases de datos (xcontest.org y leonardo), por estos días los parapentes han estado registrando asombrosas distancias. Al día siguiente, un par de parapentistas locales intentaron la marca despegando desde Ansermanuevo y volando hasta Florida, con 170 km lineales. Al parecer aterrizaron temprano (3 pm) porque las condiciones se estabilizaron al final del vuelo, lo que indica que sólo es cuestión de estar en el aire, el día adecuado, para hacerse con la preciada marca.

El Vuelo

 

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