Montegrande – Los Guásimos

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En nuestro afán conquistador, y luego de más de un mes de convocatoria, sólo Ani, Isaza y Miró nos copian y juntos nos embarcamos hacia el Tolima, todo el puente festivo.

Un poco más retirado que Roldanillo en distancia desde Medellín, llegar a Venadillo resulta casi placentero en comparación con lo que es hoy conducir hacia el Valle del Cauca, dado el estado de las carreteras.

5h30m es el tiempo promedio que nos tomamos hasta La Colina, un agradadable y familiar hotel en Venadillo.

En esta ocasión tenemos la intención de explorar inicialmente una posible zona de desspegue, en la vía Alvarado – Montegrande, en una finca conocida como Los Guásimos, y luego probar suerte 60km más al sur, por San Luis.

El sábado iniciamos nuestra primera faena exploratoria.

A 15 minutos de Venadillo llegamos al poblado de Alvarado y de allí tomamos la vía destapada a Montegrande. 25 minutos mas tarde rodeamos la antena de celulares y encontramos la entrada a la hacienda Los Guásimos a la derecha.
(4.5972 , -74.9961, 963mts)

Unos mayordomos nos reciben con gracia y la única advertencia que nos hacen, es no acercarnos a la “vaca que recién parió, porque es brava y nos pone a correr”.

Para acceder al despegue hay que caminar un poco.

Hay una sección de rampa grande y con pendiente adecuada, mirando al oriente, y si se quiere también es posible caminar un poco mas, justo hasta la antena, donde hay una rampa sur, a la que también se puede acceder con carro 4×4 para ahorrar la caminada.

Por esta época (Febrero-Marzo) el viento en la zona es menos fuerte e incluso puede soplar norte algunos días. Hay muchos arrozales recogidos y muchos arados, por lo que todo se vuelve una gran zona de aterrizajes.

El día está muy bueno. Algo de bruma pero muy buena radiación solar y un notable calentamiento de la zona. Hay varios cúmulos. Buen viento anabático sopla del oriente de más de 15km/h, en ciclos térmicos medianamente separados. Para las 12 del día despegamos detrás de Alejo Isaza, y nos apoyamos un poco en la dinámica a lo largo de la ladera, y un poco en unas térmicas todavía inmaduras.  Hay actividad por toda la zona y el aterrizadero oficial de apoyo lo tenemos en visual y al alcance incluso de alas de simple superficie (4.5817, -74.9694, 397mts)

Hacemos un pequeño vuelo de reconocimiento en la medida en que las condiciones van mejorando y para la 1 pm ya las térmicas son suficientemente coherentes para llevarnos a la base de las nubes.

Desafortunadamente por el exceso de calor y exposición al sol, tenemos un pequeño inconveniente con nuestro equipo de tierra y debemos aterrizar para rescatar a Ani, que se encuentra indispuesta en el despegue.

El domingo decidimos probar suerte un poco más arriba por la misma carretera, pero luego de subir cerca de 10 minutos sin encontrar un sitio adecuado, regresamos al despegue de Los Guásimos.

El pronóstico del viento nos presenta una tendencia norte y decidimos creerle. Nos programamos mentalmente para volar hacia el sur, que es una oportunidad un poco atípica en la zona, ya que los vuelos de Anzoategui (7km al norte) se han caracterizado por marcados vientos del sur.

Esta vez despego primero y aprovecho el primer ascenso para explorar 3 km hacia el occidente (montaña arriba), siguiendo la carretera, para buscar más alternativas.  Hay un par de sitios más altos que pueden ofrecer despegue hacia el sur, pero no otorgan mucha ganancia sobre la antena, dado que están más atrás.

Alejo está reportando posición con su celular, usando Livetrack24, lo que me permite tenerlo registrado en mi mapa de navegación en LK8000. Tenemos problemas de comunicación vía radio, pero visualmente no puede escaparse.  Lo veo arrancar hacia Alvarado, y lo secundo siguiéndolo 3 km detrás, usando el radar de la aplicación de vuelo. pues me cuesta bastante ubicarlo visualmente porque está algo más bajo y se pierde en el color del terreno.

Se nos desaparecen las nubes en Alvarado, y Alejo queda peligrosamente bajo al sur del pueblo, sin lograr conectar un ascenso. Lo veo luchar contra unas descendentes y finalmente aterrizar.  Aprovecho algo de altura extra que tengo para regresar hacia Alvarado a una nube que se empieza a formar. No gano mucha altura, pero sí algo de tiempo mientras el día madura un poco.

Empiezo a moverme con planeos tímidos hacia el sur, y deteniéndome en todas las térmicas, volando entre 1400 y 1650 mts.

Manteniéndome casi sobre la carretera, no por comodidad en la recogida, sino porque casualmente el viento y las térmicas parecen alinearse con ésta, me muevo 12 km al sur de Alvarado y finalmente encuentro un ascenso hasta 1900 mts.

Cambio el rumbo hacia el Aceituno, simplemente saltando entre pequeños cúmulos que me van marcando la ruta, y a 6 km de distancia de las pequeñas colinas que encierran por el sur los terrenos del aceituno, remonto hasta 2080 mts, lo que me permite activar un GoTo hacia Chicoral, saltando las pintorescas cadenas de montañas en un planeo de 10 km.

Una vez al otro lado, que por cierto está repleto de aterrizaderos posibles, me la tomo con muchísima calma, primero para disfrutar del increíble paisaje, y segundo, porque estoy un poco perdido y sin mucha idea de para dónde continuar.

20 minutos termaleando suavemente entre tres o cuatro núcleos, persiguiendo gallinazos, y sin querer moverme mucho, asciendo de 1445 mts a 1713 mts, promediando 0.2 m/s… Vuelo un poco hacia el oriente, rumbo a Chicoral, y con el ojo puesto además en lo que son las montañas de Flandes, pero entonces se me forman un par de nubes hacia el sur, y cambio nuevamente de rumbo, enfilando hacia el Guamo, pasando de largo Espinal.

Navegar esta zona nueva resulta supremamente fácil con la aplicación LK8000. Basta dar zoom out al mapa y revisar el nombre del siguiente poblado que tengo pre-marcado en mi base de datos de balizas, y seleccionarlo por unos segundos para activar un GoTo.  Me aseguro pequeños saltos que me permitan asegurar los poblados grandes.

Aprovecho para ponerme una tarea personal, y reviso la distancia al despegue… Veo factible hacer 100 km lineales y me embarco en mi propio reto.  Trato de mantenerme alto y me detengo aveces en térmicas azules, aveces bajo algunos cúmulos tímidos.

Empiezo a hacer planeos más largos y ahora persiguiendo esa meta personal, lo que me mantiene más enfocado en las decisiones.  Aprovecho el viento de cola para optimizar los planeos, y los números se vuelven muy generosos… 18:1 es común, e incluso entre Saldaña y Castilla exprimo un planeo de 10km con 23.2:1 a 66km/h, como si se tratara de un pequeño planeador.

La línea de nubes se desvía abruptamente hacia mi derecha (occidente – sur occidente), y soy consciente de que se me está acabando mi vuelo si continúo en la misma dirección. Hago un par de cálculos y veo que me faltan 15km para la marca de 100 km, y que los tengo en un 12:1.  Decido hacer ese último planeo, marcar los 101km, y aterrizar cómodamente junto a una estación de servicio para esperar a mis coequiperos Ani e Isaza, que vienen 1 hora detrás.

Nada mal para el segundo vuelo del sitio nuevo, aunque hay que reconocer que las condiciones estaban muy buenas.

El lunes es conveniente volar hacia el norte, para disminuir el tiempo en carretera de regreso a Medellín.  Afortunadamente la suerte nos sonríe nuevamente y el pronóstico de vientos increíblemente dice “viento sur” de 4 a 5 km/h.

El día no obstante amanece con un cirro generalizado, y una nubosidad que parece lluvia generalizada.  No tenemos muchas esperanzas pero Alejo Isaza está convencido de que vamos a hacernos un buen vuelo.

Optamos por subir a la rampa sur, justo en la antena de celulares, a la que se accede por un segundo portillo una vez se entra a la hacienda, y a través de un potrero con seis o siete vacas con sus terneritos recién paridos.

En la rampa el viento no está tan sur como pensamos, y nos vemos obligados a despegar hacia el oriente, a unos metros de la rampa sur, por otra línea que está algo más enmontada que la rampa que usamos los dos días anteriores.  El día parece pronosticar un vuelo piano, pero la espera mientras nos decidimos si usar la rampa sur o la rampa oriente nos da un pequeño respiro y algo de sol rompe la espesa capa de nubes y calienta las pequeñas colinas y la zona de Alvarado en frente del despegue. Usamos la rampa oriente y el despegue resulta más que razonable. Ninguno de los dos tenemos inconvenientes en salir rumbo a la térmica de servicio.

Me cuesta algo de trabajo centrar ese primer núcleo y Ani me pregunta si todo anda bien, porque parezco un caballo loco dando giros bruscos que no parecen darme altura.  Finalmente logro pescar algo y empiezo a subir más coherente.  Segundos después veo a Alejo despegar y sin pensarlo dos veces está enroscado debajo de mí, dándome alcance. Sube muy bien y cuando está unos metros debajo hace su primera movida hacia el norte. El techo está muy bajo pero parece que hay condiciones para empezar a moverse. Lo sigo inmediatamente en un primer planeo de casi 8 km.

Al frente de Anzoategui se forman unas pequeñas nubes que nos invitan a desviarnos y buscarlas, pero realmente no estamos subiendo mucho.  Alejo queda atrapado en una descendente y decide escapar hacia el valle, frente a Venadillo, para probar suerte en las colinas más bajas.  Yo me sostengo con paciencia y gano 150 mts, que me permiten ensayar un planeo hacia las montañas antes de verme obligado a escapar hacia el valle.  Con sólo 1150 mts (menos que la altura del despegue de Anzoategui), logro avanzar 2.5 km y a 950 mts pesco una térmica que me deja a 1400, con suficiente altura para probar las montañas al norte de Venadillo y regresar si algo no funciona bien.

Alejo aterriza finalmente al sur de Venadillo al quedarse sin altura suficiente para negociar unas térmicas inmaduras en la cara oriental de las laderas orientales de Venadillo.

Yo empiezo a moverme nuevamente usando los GoTo para tener referencia de planeos, ya que la bruma general hace difícil programar el siguiente planeo, al no ver con claridad los poblados.  El Computador me indica que puedo cruzar hasta la Sierra, superando quizás la única zona “inconveniente” para aterrizar, porque todavía no tenemos muy claras las vías de acceso a los potreros y los que están cerca a la carretera no son muy cómodos.  Avanzo con tranquilidad, lo que me permite encontrar y aprovechar una nueva térmica en frente a la Sierrita. Ahora el planeo no solo me deja de nuevo en una zona de aterrizaje muy agradable, sino que además me permite algo de exploración, que resulta más que conveniente. Manteniéndome entre 1000 y 1500 mts me muevo con soltura sobre lo que parecen aterrizaderos interminables.  Aquí lo difícil no es encontrar un buen aterrizadero, sino que uno ya se vuelve quisquilloso y quiere aquel que tenga la manguita más bonita, junto a la vía, y con árboles que den sombra para desarmar… Y créanme, los hay por todos lados!

Un grupo de aves migratorias (Buteo Swainsoni) me intercepta, y se vuelve personal.  Una carrera contra un impresionante grupo que termalea 200% mejor que yo. Me pasan de largo y los veo arrancar hacia el norte a toda velocidad.

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A 300 mts de distancia desaparecen porque son bastante mas pequeños que los gallinazos.

Estoy convencido que tengo mejor planeo a altas velocidades (y lo he comprobado un par de veces con gallinazos, que me sostinen el planeo hasta 65km/h, pero después de 80km/h vamos mejor nosotros), pero su velocidad en térmica los mantiene siempre delante.

Pasando Lérida me veo obligado a hacer un planeo de 11 km (16.5:1) con poca altura, superando una zona azul sin nada de actividad. Sin embargo, me sirve para atrapar al grupo de migratorias que están marcando un buen ascenso.

Hay algunos resabiados (probablemente más novatos), que pedalean debajo pero el grupo principal está ligeramente por encima y en segundos lo veo tomarme al menos 300 mts de ventaja y escapar hacia el norte.

Los sigo nuevamente, pero me detengo varias veces en pequeños núcleos marcados por algunos “lentejos”… para cuando les doy alcance nuevamente pasando Armero, los punteros están 500 mts más altos, basenube, y arrancando. Sería la última vez que veo al grupo de punta.

Una lluvia moderada se forma unos 10 km al oriente y empieza a moverse en mi dirección. El viento ya no sopla del sur sino ligeramente del oriente, probablemente influenciado por la lluvia.  Trato de utilizar las pequeñas térmicas que se levantan por el frente de lluvia, y usar la línea de sustentación en el borde de ataque de la nube, pues el suelo está completamente sombreado y no hay más alternativas.

La línea me permite sostener un planeo de casi 10 km haciendo un nada despreciable 25:1, con un suave viento cruzado. Unas pequeñas gotas me hacen escapar 2 km más hacia el norte, y me separo de la lluvia hacia unas nubes negras que todavía no parecen sobredesarrollarse.

Siempre buscando una salida hacia la zona menos cargada, termino planeando cómodamente sobre las montañas al sur de Mariquita, apoyado en varias térmicas y entrando en una zona de un fuerte viento nororiente, que registra más de 17 km de intensidad.

Aterrizaría al lado de la carretera en un lindo potrero, como todos los de aquí.

Mi equipo de tierra llegaría justo cuando termino de desarmar, con unos deliciosos mangostinos, y con una muy buena energía para emprender el viaje de regreso, después de detenernos a almorzar en un agradable café restaurante en Mariquita.

En resumen, el sitio de vuelo resultó mucho mejor de lo planeado, y probablemente sigamos usándolo en lugar de Anzoategui.  La ventaja no sólo por las consistentes condiciones meteorológicas sino también por la posibilidad de que los pilotos menos experimentados o en alas de menor rendimiento alcancen los aterrizaderos oficiales, constituyen el principal incentivo para seguir usándolo.

Se recomienda a quienes quieran empezar a visitar la zona, que sean muy amables con los mayordomos de la finca y que lleven algún obsequio para los niños pequeños, como golosinas o similares.

El Valle del Magdalena se perfila cada vez como una alternativa a Roldanillo y al Valle del Cauca, y estoy mas maravillado con su paisaje y su textura general.  Disfruto mucho más el vuelo en esta zona, siendo algo más técnico pero precisamente más exigente y enriquecedor.  Lo recomiendo sin lugar a duda, y lo tendré programado como destino obligado todos los años entre Enero y Abril, siempre que el clima lo permita.

 

 

 

 

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Una respuesta a Montegrande – Los Guásimos

  1. Siroco dijo:

    Dani excelente relato, no dejo de montarme en la imaginacion y volar al lado tuyo con la descripcion de cada movimiento, vivo plenamente tus vuelos como la major de las aventuras, valoro el esfuerzo que estan haciendo por encontrar nuevas alternativas de vuelo y sobre todo en una zona tan especial como ese valle.
    Los felicito y espero poder ir a volar con ustedes en un futuro no muy lejano.
    Un gran abrazo y gracias.

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